Traducir textos no se trata de palabras sino de qué tratan las palabras

Saber sobre la materia no es lo único «importante» para traducir textos. Es la propia esencia de la traducción.

Existen ciertas verdades enterradas profundamente en lo más hondo de cada profesión y que son universalmente aceptadas y entendidas por los practicantes modernos. En medicina, por ejemplo, se reconoce que el cuerpo humano existe en un universo físico sujeto a las leyes de la ciencia y no en un universo ficticio de espíritus misteriosos, al que solo unos pocos elegidos tienen acceso, un concepto que había dominado la medicina humana durante milenios.  Al traducir textos de medicina, la cosa se complica mucho más pero sigamos con el ejemplo:

Como resultado, hoy en día a un médico que pasee por un cocktail no le harían preguntas sobre la efectividad de hechizos o conjuros en la práctica médica. El misticismo y la superstición han sido debida y efectivamente desechados en el conocido basurero de la historia.

Pero este no es el caso de la traducción.

Nosotros, los traductores, podemos dedicar décadas de esfuerzo a la preparación de nuestras carreras en el campo de la traducción y al desarrollo de los conocimientos temáticos necesarios para el mundo de la traducción.

De este proceso forma parte el aprendizaje de conceptos altamente especializados y complejos en ciencia, tecnología, filosofía, derecho, negocios, finanzas, música y miles de otros campos a través de la inmersión en laboratorio, sala de conferencias, clases, líneas de producción, plantas de fabricación, salas de juntas, etc.

Este esfuerzo constante es crucial para nuestra capacidad de transmitir con precisión y exactitud todos estos conceptos a través de las barreras lingüísticas.

La pregunta del millón de euros

Pero no importa cuántos campos dominemos como traductores; esperarnos en ese mismo cocktail será para hacernos la eterna pregunta que se ha hecho a los traductores:

«¿Cuántos idiomas hablas?»

Es una pregunta que sugiere una noción inocente y caprichosa de la traducción como una carrera de poco estrés, que se realiza sin esfuerzo mientras se hojean libros y se bebe un té dulce a la sombra de la tarde.

La realidad es mucho más seria. En mi caso, por ejemplo, llegaría a esa parte después de resolver ciertos problemas en mi traducción.

Mistakes o Errors como los principios que subyacen a la excitación óptica de las ondas de Rayleigh por absorción de luz interbanda o resistencia acústica coherente al plasma de un electrón. O bien,  los métodos para calcular la estructura electrónica de las aleaciones.

Así que mi respuesta a esta pregunta amistosa de «¿cuántos idiomas hablas?» sería un poco bromista y con una sonrisa:

«Hablo ciencia»

Al traducir texto… se traducen ¿Palabras o ideas?

La pregunta de «¿cuántos idiomas hablas?» no es culpa del fiestero educado, solo es un intento de entablar una conversación amistosa.

Nuestra cultura tampoco ayuda, especialmente en Estados Unidos, donde a los traductores se nos ve como a extrañas criaturas mitológicas de descendencia incierta cuyo campo de trabajo es insignificante y debería haberse eliminado por la traducción automática hace décadas.

En el centro de esta falacia está la antigua y pintoresca noción de que traducir textos se trata solo del idioma.

Sin embargo, esto no es cierto, porque el idioma en sí mismo no tiene nada que ver con las palabras. Las palabras de un idioma solo son símbolos que nosotros manipulamos para pintar un significado en nuestro mundo. Además, con las que  proyectamos ideas que transmiten un mensaje, un concepto o una idea.

Por lo tanto, los traductores no traducen idiomas o palabras. Traducen ideas.

Y en el mercado actual de la traducción, esto significa que traducimos las ideas de personas que están profundamente involucradas en actividades muy complicadas y dispuestas a pagarnos para transmitirlas.

Debido a que debemos entender esas ideas para realizar nuestro trabajo con precisión, también debemos saber no solo lo que sabemos, sino también lo que ellos saben.

Un enfoque solitario en el idioma

¿Qué pasa si el traductor entiende el idioma, pero no las ideas? ¿Cómo funcionan esas traducciones en el mundo real?

Breve respuesta: Catastróficamente.

Actualmente, el mundo de la traducción parece estar lleno de traductores novatos (pero bien intencionados) que se agitan en aguas peligrosas infestadas de su propia ceguera conceptual. Esto es el resultado inevitable del enfoque equivocado del idioma, excluyendo el contenido.

Es por esto que, los estudiantes que comienzan sus estudios de traducción harían bien en aprender mucho sobre este mundo antes de intentar investigar maneras de transmitir ese conocimiento, que es exactamente lo que es la traducción, para que no terminen transmitiendo una falta de conocimiento alarmante y muy costosa; algo que avergüenza tanto al traductor principiante como al pobre cliente desprevenido. Éste, después de todo, piensa que la traducción es solo cuestión de «hablar un idioma extranjero».

Última apreciación

En caso de que no haya sido convincente hasta este punto, ten en cuenta el título de este blog, otra vez:

Traducir textos no se trata de palabras. Sino de qué tratan las palabras.

El mensaje aquí es que traducir textos se basa en el significado, no en las palabras. Para ilustrar esta idea, siempre uso las mismas palabras en ambas frases:

La única razón por la que el significado transmite es que las frases están en diferentes marcos de referencia. Es el significado que subyace en esos marcos de referencia lo que da lugar a la idea.

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